sábado, 9 de agosto de 2014

Un caótico baile sobre Gaza

Las cifras bailan como Fred Astaire en “Volando a Río”. Desgraciadamente el movimiento no es elegante, no va acompañado de música sino de muertes. Los pies moviéndose de Astaire ahora no aparecen, tan sólo las bombas y las balas caen como el claqueteo del mago americano. Las cifras no dejan de bailar cada día; aumentan cada hora y únicamente algún cese humanitario parece pausar la tragedia que se vive en Gaza como si los dos beligerantes acordasen dar al botón de “pause” de su mando para darse un descanso y más tarde seguir viendo la triste película de nuestro amigo bailarín. No es una película, es Gaza. No es el bueno de Astaire bailando, es el puño de Netanyahu golpeando a toda una población.

El baile de las bombas sobre Gaza || Foto: 20minutos.es

A uno le gustaría no tener que editar este post para variar los guarismos, pero para frenar la sangría en el mundo de las letras (la realidad es otra muy distinta) dejaré las cifras que se registraron a falta de un día para acabar julio, mes que inició el desgraciado baile.

1.230, 6.500, 1.500.202, 140.000, 76.53, 65.92, 9.154, 3.542, 9, 28 y 3. No se maree con tantos dígitos, todos explican una cosa: una vergüenza mundial.

1.230 son los palestinos asesinados faltando un día para acabar con el sangriento mes de julio. Un mes que, tristemente, no olvidarán nunca los habitantes de la franja de Gaza. Más del 80% de los asesinados eran civiles.

Más de 6.500 palestinos han resultado heridos en la Operación Margen Protector tanto en la maniobra aérea como en la terrestre.

1.500.202 habitantes sobreviven en medio de un conflicto, en medio de un abuso. Sobrevivir en Gaza no debe ser tarea fácil si tu vecino te somete a un bloqueo y a una marginación internacional. Si a eso le sumas que a tu vecino le da por disfrazarse de un violento casero que te obliga a huir de tu casa porque si no caerás sobre sus poderosas garras y desaparecerás de la zona hace que la vida en Gaza sea una pesadilla. El egoísmo de Hamás no ayuda tampoco a una población civil que se encuentra entre la espada y la pared.

Hasta el 24 de julio, más de 140.000 palestinos, alrededor del 6% de toda la población de Gaza, han buscado refugio en la UNRWA (Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados de Palestina en Oriente Próximo) desde que comenzó la operación, según informa la propia agencia. Parece ser que el estado sionista está logrando su objetivo: alejar a la población palestina de sus casas, empujarlos al exilio para poder ocupar sus tierras (ya han ocupado más del 80% en varias décadas) y lograr su “misión divina”.

76,53 kilómetros de distancia hay entre nacer en la ciudad de Gaza y  la ciudad de Jerusalén, capital de la potencia israelí. 76 míseros km, casi la misma distancia entre Madrid y Toledo. 76.530 metros separan la distancia entre vivir con la tranquilidad de que tu gran potencia te defenderá o de que tu vida es igual de peligrosa que la de un funambulista inexperto realizando uno de sus arriesgados ejercicios.

65,92 kilómetros existen desde Gaza y la segunda ciudad más importante de Israel: Tel Aviv, la llamada capital financiera y económica de Israel que busca hacer sombra a Estados Unidos en ciertos aspectos.

Sigamos con los kilómetros: 9.154 son los kilómetros que hay entre Gaza y Nueva York. Lugar donde se encuentra la sede de las Naciones Unidas. Una sala donde se cuecen las grandes decisiones mundiales. Una habitación en la que unos poderosos (de poderosos va la cosa) hombres, que supuestamente representan a los ciudadanos de sus países, callan y miran a otro lado ante un crimen terrible e injusto. Si el pueblo palestino grita auxilio, a la comunidad internacional le entra una preocupante sordera. Si oyen gritos de “nos están aniquilando”, se sorprenden como lo harían las ancianas que están perdiendo capacidad auditiva cuando las llaman “sordas”: “¿me estás llamando gorda?”. Pues con el conflicto igual: “Israel tiene derecho a defenderse de los ataques”. Y ya si eso, que intenten no matar a muchos civiles. Que el cadáver de un niño queda muy mal en televisión.

Más cerca de Gaza, a unos 3.542 kilómetros de Madrid se está librando un ataque llevado a cabo por una tropa que sólo es superada por 9 ejércitos más poderosos en el mundo, a eso hay que sumarle que es un ejército entrenado por la gran madre llamada América. Nueve. Sólo nueve. No encontraremos el nombre del “ejército palestino” en ningún listado parecido ya que el estado palestino no cuenta ni con ejército, únicamente con milicias (milicias que también hace su daño). Mientras tanto, el gobierno madrileño se niega a condenar abiertamente lo que está haciendo este potente ejército a 3.542 kilómetros de distancia. El PP madrileño también vive a 3.542 kilómetros de la realidad, de lo que le exige la sociedad y la sensibilidad general.   

28 fueron los cohetes –no confundir con misiles- que lanzó Hamás como respuesta a las detenciones y a los ataques sionistas. En realidad, se lanzaron 60 cohetes, de los cuáles, sólo 28 llegaron a territorio israelí. Ninguno de los cohetes, afortunadamente, acabó con la vida de un ser humano; únicamente causaron daños materiales. Uno de los principales protagonistas del conflicto son los Qassam, más conocidos por el nombre de “los cohetes de Hamás”. Estos cohetes no tienen nada que ver con los misiles que conocemos normalmente. Los Qassam son cohetes sin ningún control de guía, algo crucial en materia armamentística: no es lo mismo teledirigir el misil hacía el objetivo deseado que lanzar un cohete y, hablando mal y pronto, que caiga donde sea. Para conocer más sobre la “no eficacia” de estos cohetes, con decir que en 2008 uno de esos proyectiles cayó en tierras gazatíes matando a dos palestinos. La “eficacia” de estos cohetes se encuentra en la materia psicológica: la desquicia de Israel. Un efecto psicológico que, por el cual, la caída de uno de éstos en tierras sionistas es usado (muchos de ellos no matan a israelíes, como veremos a continuación) como motivo para invadir y someter a toda una población civil con misiles más potentes. Lo que se conoce popularmente como “matar moscas a cañonazos”. Es triste que un ejército tan bien entrenado como es el israelí no utilice su inteligencia militar para acabar con el terrorismo de Hamás por muchos escondites que tengan .

12 fueron las personas asesinas por uno de estos cohetes lanzados por Hamás desde que en 2004 se cobró la primera víctima mortal (busquen en el hipervínculo la palabra Kassam y encontrarán las 12 víctimas). Según el Ministerio del Exterior israelí, 29 personas perdieron la vida al ser alcanzadas por un cohete de Hamás –ya sea Qassam o cualquier otro- en la última década. En total, según -repito- fuentes oficiales sionistas, 1.249 personas han sido asesinadas por terroristas desde septiembre de 2000. Tristemente es un alto número de fallecidos, muchos de ellos también son civiles, pero en tan sólo tres semanas el ejército de Netanyahu, líder israelí, ha asesinado al mismo número de personas en Gaza. Cualquier ser humano asesinado es igual que cualquier otro ser humano asesinado, pero la desproporción y el abuso no es el mismo.  

Y, el último número: por 3 jóvenes colonos israelíes que fueron secuestrados y asesinados por “terroristas de Hamás” han provocado esta operación que se ha convertido en una masacre inolvidable y desproporcionada (por tres injustas muertes, Israel se ha cobrado más de mil vidas) hacía gran parte de la población gazatí. Las comillas colocadas en la frase anterior tienen su explicación. Todo es muy extraño en estas tres muertes. La versión del gobierno israelí, en los primeros días del  conflicto, era la contada en la primera frase. Netanyahu ya tenía motivo para entrar en Gaza y vengarse a su manera. Ahora bien, según informa el portavoz de la Policía israelí, Micky Rosenfeld, a la cadena BBC, los verdugos del trío israelí son “lobos solitarios” de Hamás que operan a sus anchas sin seguir las indicaciones de sus líderes (y ojo que no dejan de ser terrorista y que merecen que la justicia caiga sobre ellos). Pero aquí no acaba la cosa. Dice el dicho popular que si piensas mal, acertarás. Pues, eso mismo debió pensar el periodista alemán Christian Sievers, que no creyó la versión que daban desde Jerusalén y decidió realizar una minuciosa investigación de la que ha sacado una interesante información: el asesinato de los tres jóvenes israelíes el pasado 12 de junio no fue acometido por palestinos sino por un ciudadano de Israel por asuntos económicos. De este secuestro Netanyahu habría tenido constancia, según cuenta el periodista germano, gracias a su Agencia de Investigación Interna israelí, Shim Bet, sólo que decidió taparlo todo para tener la excusa perfecta para ejecutar su sangrienta venganza. Cada uno que crea lo que quiera, de lo que no se sospecha es que Netanyahu ya tiene su desmedida e insaciable “vendetta”.  


BIBLIOGRAFÍA








El resto de fuentes se encuentran en los hipervínculos.

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